EL SEDIMENTO
DE MI VIDA

SABEMOS QUE EL SEDIMENTO REPRESENTA “LO QUE QUEDA AL FINAL”…

DÍA A DÍA TRAZAMOS LOS RASTROS DE LO QUE DEJAREMOS ATRÁS Y ES EN LA INCERTIDUMBRE DEL FUTURO DONDE PODEMOS VALORAR EL PRESENTE.
CADA PASO ES IMPORTANTE Y SI SOMOS CONSCIENTES DE ESTO, EL CAMINO TRANSITADO SERÁ MIRÍFICO!

RAFAEL SAN JUAN

Tiene sobrada razón el pintor francés Georges Rouault cuando, casi al inicio de uno de los pocos libros que escribió, anota que el artista, aun desprovisto de los medios materiales para hacerlo, puede viajar a cualquier punto del espacio (y del tiempo, puedo añadir), porque cuenta con el invalorable tesoro de su imaginación, que lo transporta a cualquier lugar gracias a los medios que le proporciona su inspiración.
En una cultura propensa a los convencionalismos que estrechan la vida y la visión de las gentes, la veta creativa de Rafael Miranda San Juan es un enorme respiro. Su trayectoria biográfica está surcada de pinceladas que han consolidado en él una formación con un particularísimo tinte. Sus esculturas son manifestaciones de una fertilidad creativa que fluye con intensidad. Su vida tiene que ver con su obra. Ambas son la doble cara de la misma moneda: de una vida atada al compromiso de vivirla a fondo.
El cuerpo humano, es lo que enfoca la creatividad y el talento de este artista. La piel sería entonces la superficie donde encuentra materia prima para sus trabajos, que, escarbando en los diferentes “accidentes” de la figura humana se detiene para hacernos pensar y entretejer una serie de conceptos, ideas y figuraciones- abstracciones que atrapan al espectador por la ambigüedad de lo representado en las imágenes.
Rafael pertenece a ese tipo de artista que polariza su modo de construcción estética por vías de lo escultórico (en su acepción abierta) e igualmente mediante el uso de la naturaleza misma (sobre todo humana), convertida en recurso de resurrección a nivel simbólico, en tanto cadáveres y osamentas de esqueletos reales le han servido para significar y diseñar el sentido de sus propuestas. Un indudable componente antropomórfico actúa, en él, como base declaratoria de percepciones y valoraciones sociales, que hablan de la muerte en vida y de la vida en muerte no sólo respecto de situaciones escatológicas y pérdidas cotidianas, sino a la vez en una búsqueda de lo espiritual y poético que permite trascender cuerpos fósiles o conservados en formol, para referirse así -de manera oblicua- a la inmortalidad y persistencia del Hombre.
Lo que parece ser a veces un rejuego con evidencias letales, afirma una vocación por la carnalidad yerta, escultórica en sus formas, instalativa en la espacialidad, más allá de lo que podría interesar a patólogos y anatomistas. Con manos de “cirujano” y de artista recrea el estado de existencia finita y opera casi en calidad de demiurgo, que da nueva vida a lo que fenece, convirtiéndolo en tropo y emblema de una búsqueda constante en pos de devolverle vida para el arte a lo que ha dejado de ser en términos de funcionalidad y biología. Rafael rompe los códigos normales en el afán de cifrarlos como parte de un discurso que retoma antiquísimas experiencias ceremoniales, claves posmodernas, procedimientos de atrezzo y diseño objetual, variables receptivas y una suerte de intercambio entre lo que ya no es y lo que sigue siendo. Se niega a considerar la muerte como existencia terminada, como destino fatal. Se coloca de lado de lo que vive y crece, alcanza el “reino de la belleza” y contempla a su contexto vital desde una peculiar visión paleontológica. Como aquel Leonardo Da Vinci que estudiaba cadáveres para hallar los secretos y medidas de lo humano, o como Francisco de Goya en su observación de los caídos del escenario bélico, ha querido penetrar en la estructura orgánica, en la máquina que somos, con el propósito de comprender mejor y revelar a los demás lo que somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Pero es un buscar en el destino y las deconstrucciones de la escultura natural que nos caracteriza, una equivalencia con el destino de la historia, la sociedad, la sicología y hasta la política, frecuentemente devenidas osamentas irrecuperables.

MÁS ALLÁ DE LA SUPERFICIE
Hay más. Diseccionando las representaciones con un “filoso bisturí” (visual) descubriremos, más allá de la superficie sentimientos y realidades que se acumulan en sus piezas o en las partes de sus piezas, que, como un inmenso rompecabezas nos va armando una historia, o al ser humano en su conjunto corpóreo. Hurga en la anatomía del Hombre, haciendo una suerte de Radiografías de lo humano, pero “visualizando” los muchos fantasmas que retozan bajo la superficie de la realidad. En su caso particular comenzó el camino del arte por el cuerpo humano. Era su referente más cercano, conocido y protagonista de sus historias/sensaciones. Tomó entonces de la mano la cerámica que está ligada al Hombre desde los inicios de su historia sobre la Tierra. Existe una interesante mancomunión entre esos dos elementos. Y ha utilizado el barro porque es un material primogénito, nos acompaña desde los pasos iniciales, en el que las primeras generaciones modelaron lo artístico. Es como una huella eterna. Luego vendrían otros materiales, más fuertes para crear. Todo ello se amalgama en su reciente producción, como un campo de acción de situaciones/sentimientos. Del cuerpo humano va detallando parte, pedazos, fragmentos que si los unimos construyen al hombre/mujer. Son espacios indefinidos de algunas partes, y entra entonces a jugar la imaginación, a componer y descomponer en la mente lo que es y no es. Indefinición/ambigüedad, Miranda San Juan entrega claves, nos quiere decir, sin
muchos detalles y adentro cabe un mundo de pensamientos e ideas. “La esencia de las cosas a veces está en un detalle”, parecen gritar sus creaciones. Todo ello para ponernos a pensar, y para que conjuguemos nuestras sensaciones de lo que pudiera ser.
Reinterpreta la constante que enlaza al expresionismo en todas sus vertientes: una figuración trazada con fuerza y franqueza. Un formato grande, lo sensual de las curvas, las texturas, las formas cerradas, pero al mismo tiempo generosas y amplias, constituyen a primera vista los rasgos distintivos de su vocabulario. Incisiones firmes y fuertes sobre las superficies vienen a nuestro encuentro para acogernos e iniciarnos en una vivencia de lo originario. Su obra en general es un catálogo de vivencias. En ella manipula diversos antecedentes históricos, se observan referencias a los clásicos de la Antigüedad en lo formal, rasgos expresionistas, vulnera límites de la escultura y abre caminos a la instalación. Porque su interés es que el espectador respire en presente sus creaciones, tiene la intención de hacerlas cada vez más reales/vivas. Con la finalidad principal de sacar a flor de piel los sentimientos ocultos y, sobre todo, hablar, gritar al espectador los pensamientos humanos. Se suma esa marcada inclinación del artista por buscar la Catarsis del público y de él mismo. No quiere que al contacto con sus piezas nadie permanezca ajeno a lo que pasa…